jueves, enero 05, 2006

Un cuento de año nuevo.

Levantó la mirada de entre un montón de papeles, como un niño que se esconde dentro de un castillo construido con los cojines de la sala, sin embargo su mirada no era de niño, tras aquellos anteojos de pasta imitación carey, unos ojos oscuros me devolvieron la mirada, usaba un traje gris, debía tener tres o cuatro pares iguales, pues su imagen era la misma de lunes a jueves, los viernes usaba algún vestido escotado rojo, negro o azul, suponía que los usaba para ir a las reuniones de todos los viernes en el bar de moda. Días después me contarían su historia, y me daría cuenta de la falsedad de mis suposiciones: no tenía familiares cercanos, había sido abandonada por dos maridos, tenía tres hijos para mantener y un sueldo de oficinista que apenas era suficiente para alimentarlos, vestirlos y enviarlos a la escuela, nunca se daba lujos, no socializaba con nadie y tampoco iba a las fiestas. Le dirigí una sonrisa amistosa la cual no correspondió. Regresé la vista al monitor, al correo electrónico y a los pendientes, sin importarme mucho su descortesía.

La semana siguiente, en la comida anual de la empresa, ella no se presentó. Tampoco lo hizo el lunes que le siguió, el martes hubo una llamada a su domicilio que nadie atendió, para el jueves enviaron un memorando departamental para solicitar a quien la conociese le avisara acerca de su inminente despido. El lunes siguiente el departamento de Recursos Humanos ya tenía notificación de su baja de la nómina de la empresa y el de contabilidad de su liquidación. El miércoles los vecinos comenzaron a quejarse del olor y el jueves los diarios de nota roja ya tenían una historia de primera plana con fotografías.

Le había dado a sus tres hijos una cena de gelatina de limón con anticongelante. Ella tomó un coctel de antidepresivos con tres cuartos de botella de vodka. La encontraron sentada en un sillón, la televisión encendida, sus ojos fijos en la estática de la pantalla. Los hijos aún estaban arropados en su cama y parecían dormir plácidamente, de no ser por su tez excesivamente pálida, en la cual contrastaba un beso carmesí pintado en la frente.

En la oficina colgaron un moño negro sobre la entrada del departamento de Tecnología de Información, el gerente nos dio la noticia con un gesto de falsa tristeza. Ninguno de nosotros la conocía realmente, no faltó un comentario al respecto, calcando la misma expresión del ceño del gerente. Quería sentirme triste, pero sólo porque siempre le doy la bienvenida a un pretexto para deprimirme. En realidad lo único que me causó tristeza fue el hecho de darme cuenta de lo absurdo de abandonar el mundo sin nadie a quien heredar tu dolor; como un justificante para el patetismo de tu último acto es importante dejar atrás alguien para sentir la ausencia, una persona para purificar el dolor que has sentido, un comedor de pecados que purifique tu alma.

Por eso, a partir de ese día comencé a mejorar las relaciones con mis compañeros, volví a acudir a las fiestas informales de cada viernes, incluso comencé a salir con alguien. El día que finalmente la hoja de afeitar que conservo en el botiquín de emergencias cercene mis venas, yo sí tendré a alguien quien me llore.

Karma: ¡Contento!
Beat: Sheryl Crow - Every Day is a Winding Road

1 comentario:

Paco Morales Hoil dijo...

Ya sé qué voy a editar en mis Tráfagos