lunes, abril 11, 2005

Ring

Cuatro años estudió a nuestro lado, cuatro años lo conocimos. Una noche, una llamada lo cambió todo, todo este tiempo había estado infectado con el virus del Sida. Pocos lo sabían, nadie decía nada; por miedo al rechazo él jamás se lo había dicho a ninguno de nosotros. El sonido del teléfono y una voz al borde de las lágrimas cambiaron todo lo que sabía acerca de él. Decidimos ir a visitarlo.
Delgado, con la mirada perdida eran sus ojos quienes contaban su historia: tristes, cansados, sin rumbo. En su cabeza una infección comenzaba a esparcirse, comenzaba a sufrir alucinaciones, por las noches los ruidos y el miedo no lo dejaban dormir, llevaba cinco días en vela.
Sus manos, en momentos temblorosas lo avejentaban muchísimo. La impresión más grande fue verlo erosionado física y mentalmente, una réplica en miniatura de lo que alguna vez fue. Quedamos de visitarlo al menos una vez al mes, llamarlo de vez en cuando para bromear y platicar. Sabíamos que no podíamos hacer mucho, sólo hacerlo olvidarse del presente por unos segundos y recordar.
Es curioso como el mundo puede mostrarnos en un segundo lo frágiles que somos. Como nuestro cuerpo y nuestra mente no es más que una hebra de hilo capaz de romperse en cualquier segundo. Y así, sin más nos desvanecemos en la nada; sin más que los recuerdos para atestiguar que en algún momento estuvimos aquí.

2 comentarios:

corzeablog dijo...

relamente no se que decir, solo te puedo decir que bueno que no lo rechazes ni juzges por tener esa maldita enfermedad, que bueno que decidieron seguir llevandose con el......

Semidios dijo...

es impactante cuando ves a una persona tan degradada, despues de tanto tiempo de verla sana y sonriente, y luego saber que sus dias ya tienen un fin contado.

Así me ha pasado al ver a mi sobrino con cancer.